BARAKA ABALU. ELENA ZANCA ARTE.


Nuestra hada madrina, nos regala este relato de su noche en el  Hotel ABALÚ como ganadora del JUEGO DEL OBJETO.


Ella fue la primera en ver en imagen el recorrido de Madrización y está ayudando a que día a día sigamos escribiendo la biografía de nuestra proyecto, que lo es todo, pues es la vida.


No olvides ver tras la lectura del relato de la noche, el vídeo en imagen de nuestra trayectoria, es la primera vez que se hace público. Esperamos que te llegue, lo veas y lo sientas, como una parte de ti. 

Es una historia sin más que me abrió los ojos, que me hizo ver lo imperceptible, que me cambió la percepción, que me hizo darme cuenta que puedes estar en varios sitios a la vez, transformar unas ciudades en otras, hacer Madrización del mundo y de tu mundo, cambiar las formas que ves desde tu ventana y lo mejor de todo es que sólo depende de uno mismo el querer ver distinto para conseguirlo. 




Hay un mundo maravilloso ahí fuera, pero como rezaba el juego del objeto, primero tenemos que creer que lo vamos a ver, para poder observarlo.


BARAKA ABALU

¿Cómo llegué allí?, no lo sé. Si me pongo a pensar, puedo seguro encadenar los acontecimientos que se habían producido los últimos meses. ¿Cómo llegué a aquélla habitación de hotel con nombre de instrumento africano, dentro de la cual había una bañera ovoide, dentro de la cual, a su vez, me hallaba yo, desnuda de cintura para abajo, como los niños que corretean libres por las praderas de la sabana?. 

De verdad que no lo sé y, creéme, tampoco necesito saberlo a ciencia exacta. Era así, y bastaba. 

Surcando a bordo de aquel bote bañera imparable, de ese barco de sueños ajenos a la realidad de fuera, dí una voltereta y quedé con los pies en el aire. Si juegas solo, es muy probable que rotes en un aparente sin sentido. Pero por una sola noche y desde hacía mucho tiempo, aunque yo girara, todo estaba en su lugar, en esa pompa de jabón cuadrada: la habitación cero cero tres, ponía en la tarjeta de coordenadas. 

Podía pararme a pensar, a sentir, a dejarme ir, a nada, a saltar de baldosa en baldosa, a hacer tintinear cadenas colgantes del techo, a dejar correr el agua, a abrir la ventana de par en par y ventear la noche que se hundía en el patio de luces (¿dónde estás , luna?), a escuchar la piel deslizarse por el algodón de la cama abriendo túneles de luz con los pies, a subir y bajar una pantalla frustrada, a comprobar si en cada espejo de la habitación yo aparecía igual, si de verdad era un hada, si reconocía mi reflejo. Sin ansia, la verdad desnuda, paralela y calma. Por eso, decidí despojarme de la camiseta porque, ¿sabes?, las hadas , aunque se muestren desnudas, siempre están vestidas. De magia. Y se sienten más cómodas si nada interfiere entre ellas y los improbables en los que se proyectan, confiadas. 

Hace tiempo que sé que una de las mejores cosas de viajar, es disfrutar del placer de volver, cuando la misión ha sido completada. 

Esa noche en la que Selene gobernaba, no fuí ni jóven, ni vieja. Estuve muy viva. Sin embargo, ví a mi anciana mirándome desde su rama, encaramada a un árbol gigante cuya imponente presencia sólo se adivinaba, la dama sabia, imperfecta, de mirada tierna, de sonrisa limpia, la comprensiva, la eterna arrugada, que abrió mares a bordo de naves espaciales y acuáticas, la presencia hacia la que camino, lo sé, y que algún día me ayudará a auparme, justo a su lado. Es la paciencia. La hermana del plan infinito. Me dirá: “ya.todo. está. bien.descansa”. Y permaneceremos allí, con las manos entrelazadas, más árboles que humanas. Como dos hojas. Aire y chispa en la mirada. 

Me sentí alegre, triste, valiente, arrepentida, doliente, ahuecada, presente y muy, muy, viva. 

Sí, me encontré, en cada espejo. La Divina Comedia, en lo bueno y en lo malo.

Aunque no debo haber destrozado por el momento la balanza, porque tengo baraka. 

Tuve baraka , al ganar tu premio. Quizás necesitaba una noche así. Sola conmigo en un espacio neutro, 

después de tantos meses de controversia privada. 

Como tuve baraka al encontrar, camino del hotel, alimento cuando estaba hambrienta. 

Tenga baraka, puedo decir, cuando la necesito. 

Que es básicamente siempre porque , aunque viajemos solos, aunque nos creamos piratas, héroes, omnipotentes a veces, 

todos necesitamos hadas. Todos necesitamos puentes y ayuda, para transformar percepciones en certezas.

Gracias a tí, por el regalo y por conseguir hacerlo especial introduciendo en un objeto inerte, 

parte de tu memoria vital y querer compartirlo conmigo. 

El valor de los objetos está en el uso que les demos. En la vida que les inyectemos. 

Lo avancé al inicio de la noche y sin saber lo que iba a pasar, bebiéndome un zumo de fresa y algo más: lo material, como viene, se va y puede que algún día, yo pierda esa memoria usb. Nunca olvidaré, sin embargo, el sonido de tu voz junto con el “abalú” , induciéndome a viajar y a descansar a la par, conceptos en apariencia opuestos pero que, a la postre, 

forman parte de la misma acción existencial.

Con cariño circular, 

Elena. 

La palabra árabe baraka o barakah (بركة) significa «bendición» divina.

[1]

Se emplea en francés y español con el significado de «suerte providencial».


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