La lámpara maravillosa 11.38 – 2011 DECADA SIN NOMBRE.

Anoche, cambiaste de década iluminado por millones de estrellas, que colmaron tu soledad.

Un camino se abre ante ti, dibujado por árboles de hoja caduca que han dejado de brotar raices para comenzar a dar fruto.

Tras tropezar en miles de piedras en el paseo, debes estar alegre, pues aún guardas la capacidad de salir airoso de la caida, y comenzar a caminar de nuevo, ya no piensas en caer, si no en la hora de levantarte, cuando lo recuerdas aún te emocionas.
Lloras de emoción por encontrar palabras amigas que describen tu paseo, no seques las lágrimas de tu mejilla ya que es la fuente que te recordará el lecho de tu río.
Ocurre a diario, en nuestra casa, este pequeño globo que gira, hay un momento en que unos ojos ven la estrella que nos da paz, su brillo pasa a tus ojos, y entonces tu iluminas, es un brillo que te eriza la piel e ilumina el rostro, pero se guarda en el alma.
Gira da vueltas en tu eje, conoce lo desconocido, pues no es locura sino sentimiento. 
Bienvenido a la década de   los años sin nombre en el pasado siglo, esperemos encontrarlo en este.

Ayer no sonaron las campanas en Gerona.

Amo tanto la vida.

Gracias E. (protagonizo.blogspot.comy  Miguel (ocurreadiario.blogspot.compor este momento.

Este momento efímero de nuestra vida contiene todo el pasado y todo el porvenir. Somos la eternidad, pero los sentidos nos dan una falsa ilusión de nosotros mismos y de las cosas del mundo. Velos de sombra, fuentes de error más que de conocimiento, nuestros sentidos sacan el hoy del ayer, y crean la vana ilusión de todo el saber cronológico, que nos impide el goce y la visión infinita de Dios.. El poeta, como el místico, ha de tener percepciones más allá del límite que marcan los sentidos, para entrever en la ficción del momento, y en el aparente rodar de las horas, la responsabilidad eterna. Acaso el don profético no sea la visión de lo venidero, sino una más perfecta visión que del momento fugaz de nuestra vida consigue el alma quebrantando sus lazos con la carne. Este soplo de inspiración muestra la eternidad del momento y desvela el enigma de las vidas. El inspirado ha de sentir las comunicaciones del mundo invisible, para comprender el gesto en que todas las cosas se inmovilizan como en un éxtasis, y en el cual late el recuerdo de lo que fueron y el embrión de lo que han de ser. Busquemos la alusión misteriosa y sutil, que nos estremece como un soplo y nos deja entrever, más allá del pensamiento humano, un oculto sentido. En cada día, en cada hora, en el más ligero momento, se perpetúa una alusión eterna. Hagamos de toda nuestra vida a modo de una estrofa, donde el ritmo interior despierta las sensaciones indefinibles aniquilando el significado ideológico de las palabras.
Era yo estudiante, y un día, contemplando el juego de algunos niños que danzaban como los silvanos en los frisos antiguos, peregrinó mi corazón hacia la infancia y tornó revestido de una gracia nueva. Al caminar bajo la sombra sagrada de los recuerdos, no experimenté la sensación de volver a vivir en los años lejanos, sino algo más inefable, pues comprendía que nada de mi psiquis era abolido. Hasta entonces nunca había descubierto aquella intuición de eternidad que se mostraba de pronto al evocar la infancia y darle actualidad en otro círculo del Tiempo. Toda la vida pasada era como el verso lejano que revive su evocación musical al encontrar otro verso que le guarda consonancia, y sin perder el primer significado, entra a completar un significado más profundo. ¡Aun en el juego bizantino de las rimas se cumplen las leyes del Universo! Con los ojos vueltos al pasado, yo lograba romper el enigma del Tiempo. Encarnados en imágenes, veía yuxtaponerse los instantes, desgranarse los hechos de mi vida y volver uno por uno. Percibía cada momento en sí mismo como actual, sin olvidar la suma. Vivía intensamente la hora anterior y a la par conocía la venidera, estaba ya morando dentro de su círculo. A lo largo de los caminos por donde una vez había pasado, se hacía tangible el rastro de mi imagen viva. ¡Era el fantasma, la sombra eterna que sólo los ojos del iniciado pueden ver, y que yo vi en aquella ocasión terrible siendo estudiante en Santiago de Compostela! ¡Desde aquel día, cuántos años se pasaron mirando atrás con el afán y el miedo de volver a ver mi sombra inmóvil sobre el camino andado! ¡Cuántos años hasta hoy, en que el alma sabe desprenderse de la carne y contemplar las imágenes lejanas, eternas en la luz lejana de una estrella!
VII
Cuando mires tu imagen en el espejo mágico, evoca tu sombra de niño. Quien sabe del pasado, sabe del porvenir. Si tiendes el arco, cerrarás el círculo que en ciencia astrológica se llama el anillo de Giges.
(Ramón del Valle-Inclán. La lámpara maravillosa. Colección Austral. Espasa-Calpe. Madrid. 2002).
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s